CEREBRO FEMENINO
Hemos
avanzado desde siempre, ¿verdad? Pero siempre que se intenta explicar la
infrarrepresentación de la mujer en la ciencia vuelven a asomar, de distintas
formas, una serie de mitos ridículos, sin importar lo refutados que estén.
Ahora que se cumple un siglo del nacimiento de Rosalind Franklin,
codescubridora de la estructura del ADN, por desgracia vuelve a ser necesario sacar a la luz los prejuicios que existen sobre los cerebros y capacidades de las
mujeres.
En el siglo XX las explicaciones se centraron en
mayor medida en los déficits que poseían las mujeres para una serie de
habilidades supuestamente necesarias para el trabajo científico, como por
ejemplo la percepción espacial. Se pensaba que los cerebros testosterónicos de
los hombres estaban mejor diseñados para la búsqueda de conocimiento, y por tanto
el mensaje era claro: las mujeres no contribuyen a la ciencia porque no son
capaces.
Pero hay pruebas cada vez más sólidas de que las
mujeres a menudo son mejores que los hombres en numerosos campos
de investigación, lo que refuta por completo el mito de que las mujeres carecen
de la capacidad cognitiva necesaria para la investigación científica. Incluso
se ha demostrado que, en lo que se refiere a la capacidad de percepción
espacial “superior” de los hombres, la brecha se ha
ido reduciendo con el tiempo (e incluso en algunas culturas las
mujeres superan a los hombres en este aspecto).
El mito de la selectividad
femenina
Pero el mito que sigue saliendo una y otra vez, y
se nota en el juego de la “selectividad femenina”. James Damore sostenía que
las preferencias biológicamente predeterminadas de las mujeres hacían que la
igualdad de sexos en el campo tecnológico fuera poco probable. En su opinión,
las mujeres preferían a las “personas” antes que a las “cosas”.
Pero la ciencia ha puesto en duda esta conclusión. Solo porque haya más
posibilidades de que un puesto de enfermera lo ocupe una mujer y no un hombre,
y solo porque haya más posibilidades de que un puesto de conductor de autobús
lo ocupe un hombre y no una mujer, eso no implica necesariamente que nadie
prefiera antes a las personas o a las cosas. La sociedad empuja a hombres y
mujeres a realizar diferentes trabajos desde la infancia, y durante mucho
tiempo a las mujeres se les prohibió realizar ciertos oficios, como el de conductor
de buses en Arequipa.
Pero el argumento de la selectividad femenina se
sigue usando para explicar la brecha de género en la ciencia. En 2018 dos
psicólogos de Reino Unido publicaron un artículo titulado “La paradoja de la
igualdad de género en ciencia, tecnología, ingeniería y educación matemática”.
En dicho texto, la paradoja se refería al hecho de que las mujeres son más
susceptibles de estar infrarrepresentadas en el ámbito científico en países
donde existen mayores niveles de igualdad de género.
La explicación de los autores tenía dos partes. La
primera era que, en los países menos igualitarios desde un punto de vista de
género, los trabajos relacionados con las STEM (ciencia, tecnología, ingeniería
y matemáticas, en sus siglas en inglés) estaban mejor pagados, y estas
aspiraciones económicas guiaban por igual las decisiones de ambos sexos. La
segunda parte de la explicación, que contaba con el respaldo de otros
científicos, era que en los países con mejores condiciones económicas y
sociales la “expresión natural” de las “diferencias innatas” podía
emerger de esta forma.
A pesar de que está aceptado que no hay diferencias de rendimiento entre hombres y mujeres en lo que tiene que ver con el trabajo científico, en los últimos años el mito de la “capacidad cognitiva” ha resurgido bajo una forma diferente. Así, y dado que existe un consenso universal sobre el hecho de que las mujeres poseen una mayor capacidad de comprensión lectora que los hombres, lo más probable es que ellas encuentren más gratificante decantarse por ámbitos y profesiones no científicos.
Muchos científicos sostienen que aún existen prejuicios y discriminación contra las mujeres en los países más igualitarios, y que esa podría ser la razón por la que ellas descartan dedicar su carrera profesional a la ciencia. La historia demuestra que las mujeres han tenido un gran papel en el desarrollo de las distintas disciplinas científicas. Pero, a medida que el desarrollo científico se fue profesionalizando, las mujeres fueron deliberadamente excluidas de las instituciones de investigación con el argumento explícito de sus déficits innatos.
Y todo esto a pesar de que hay evidencias
científicas que demuestran que los conceptos “cerebro masculino” y “cerebro
femenino” son muy discutibles. Lo cierto es que las experiencias que
vives pueden cambiar tu cerebro, pero esto también incluye los esteoreotipos a
los que te enfrentas. Si te animan a leer, tu cerebro será mejor leyendo. Y lo
que es más: se ha demostrado que cuando una persona tiene pensamientos
negativos acerca de cómo realizará una tarea, evita tener que hacerla; y cuando la tiene que hacer, la hace peor de lo
que podría.
Existen muchos factores relacionados con el éxito científico, incluidas las contrataciones y los ascensos, en los que también existen pruebas claras de discriminación contra las mujeres. Una amplia investigación en el campo de la química demostró que los artículos cuyo primer firmante era una mujer tenían menos posibilidades de ser aceptados por las revistas, y también de ser citados por otros investigadores.
No cabe duda de que Franklin tuvo que enfrentarse a
numerosos prejuicios, y que durante mucho tiempo su papel en el descubrimiento
de la estructura del ADN no fue reconocido. Resulta descorazonador que, un siglo
después de su nacimiento, el mensaje de que la ciencia no es para mujeres se
mantenga tan fuerte.

Esperemos que en un futuro esto pueda cambiar
ResponderBorrar👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼
ResponderBorrarHay pensamientos muy despectivos cuando se busca la lucha por una igualdad o por el empoderamiento femenino, hay que seguir fuertes aún así u.u
ResponderBorrarBuen contenido y espero que esto cambie poco a poco pero que cambie uu
ResponderBorrarHay casos y estudios demostrados donde la mujer es superior al varón; por otro lado, siempre se silenciaron grandes talentos femeninos.
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